Una vez se han recogido las anclas, se ha dicho adiós
al puerto y a sus aves, una vez que se ha ahogado el amor
en las aguas primeras de los muelles, ahí donde los tiburones
se resisten a edificar su reino, donde no hay bañista
descuidado que lleve a remojar su tristeza entre la sal,
¿a quién reclamar la llama,la ceniza inevitable del pasado,
la hojarasca, las plagas del árbol, robustas y lozanas
en su mordida, a quién hablar en el estruendo del relámpago,
cuándo todos enceguecen?
Es en su huella de brasa inconsumible que caemos,
es su destello el que ilumina nuestro camino de vuelta
Pero, ¿conseguimos volver al bello espejismo de la casa?
al puerto y a sus aves, una vez que se ha ahogado el amor
en las aguas primeras de los muelles, ahí donde los tiburones
se resisten a edificar su reino, donde no hay bañista
descuidado que lleve a remojar su tristeza entre la sal,
¿a quién reclamar la llama,la ceniza inevitable del pasado,
la hojarasca, las plagas del árbol, robustas y lozanas
en su mordida, a quién hablar en el estruendo del relámpago,
cuándo todos enceguecen?
Es en su huella de brasa inconsumible que caemos,
es su destello el que ilumina nuestro camino de vuelta
Pero, ¿conseguimos volver al bello espejismo de la casa?
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