Basta abrir una ventana entre las ruinas
para descubrir nuestra orfandad tumultaria,
basta el aullido de un animal que desconocemos
para erizarnos la piel que otrora tiritó, valiente,
bañada en el agua tibia del deseo.
Basta abrir los ojos para invocar la perfecta maravilla
de una flor que abre sus pétalos en la noche
clara de la arena, basta cerrar los ojos, parpadear,
para recordar el prodigio en todo su esplendor.
Aquí, en las ruinas de esta casa, cojo un cincel, un martillo:
en las paredes labro un rostro, otro, incontables rostros;
todo lo desconozco mientras todo se derrumba.
Al amanecer de este delirio resonará mi canto
para descubrir nuestra orfandad tumultaria,
basta el aullido de un animal que desconocemos
para erizarnos la piel que otrora tiritó, valiente,
bañada en el agua tibia del deseo.
Basta abrir los ojos para invocar la perfecta maravilla
de una flor que abre sus pétalos en la noche
clara de la arena, basta cerrar los ojos, parpadear,
para recordar el prodigio en todo su esplendor.
Aquí, en las ruinas de esta casa, cojo un cincel, un martillo:
en las paredes labro un rostro, otro, incontables rostros;
todo lo desconozco mientras todo se derrumba.
Al amanecer de este delirio resonará mi canto
Comentarios
Publicar un comentario