Lo primero es el viaje, los rituales
que el cuerpo emprende a modo de momentánea
despedida, como si esperase el retorno,
como si hincara los dientes de su esperanza
en la incierta fruta del regreso;
y sin embargo siempre otro es el que vuelve,
cargado de minúsculos prodigios, recién llegado,
crío que vuelve a aprender las sílabas del alfabeto cotidiano.
Sin embargo, el cuerpo entero se entrega
a los avatares necesarios para iniciar
la incierta aventura de estar vivo,
Ulises del nuevo siglo empeñado en la búsqueda de un muelle
donde incendiar durante su navegación los maderos del delirio
que el cuerpo emprende a modo de momentánea
despedida, como si esperase el retorno,
como si hincara los dientes de su esperanza
en la incierta fruta del regreso;
y sin embargo siempre otro es el que vuelve,
cargado de minúsculos prodigios, recién llegado,
crío que vuelve a aprender las sílabas del alfabeto cotidiano.
Sin embargo, el cuerpo entero se entrega
a los avatares necesarios para iniciar
la incierta aventura de estar vivo,
Ulises del nuevo siglo empeñado en la búsqueda de un muelle
donde incendiar durante su navegación los maderos del delirio
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