¿En qué momento el mar se torna arena,
y la arena armoniosa brasa, impedida de humedad?
El viento marca el ritmo del oleaje,
lo mismo que el ritmo de las dunas.
Basta que un suspiro brote de sus belfos milenarios,
que un recuerdo lo toque en su imposible
armadura: concéntricas, belicosas,
se agitan y giran las aguas.
La arena no es indiferente a su danza.
Comentarios
Publicar un comentario